La gente avanza agitada por la acera, en medio de ella, un pobre anciano, al que todos ven, le dan unas cuantas monedas y siguen su camino. Todos ellos llevan dentro de si sus preocupaciones, y no tienen tiempo de andar pensando en un pobre y sucio anciano. De pronto, se le acerca un niño, el que observa, con esa carita de celestial inocencia, propia de todo niño. Mete su mano en uno de sus bolsillos, saca sus tres moneditas que para él representan toda su riqueza, las mira, alarga su mano y sonriendo se las da al anciano y alegremente sigue su camino; lo ha dado todo, y en su corazón siente la alegría de haber servido a un necesitado.
Una limosna generosa…
Posted by Marco Alberca on Feb 12, 2011 in Amor, Cambio de vida, Dignidad humana, Donación, Educación, Entrega, Espiritualidad, Familia, Moral, Paternidad responsable, Valores, Vida, Voluntad, conocimiento, conversión, vocación, Ética |
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