Dios padre bueno, tiene preparado para todos nosotros un banquete de la vida, sin embargo muchos serán excluidos por pretender más de lo que les corresponde tener, y es que algunos no nos contentamos con lo que tenemos, con lo que nos ha sido dado; pretendemos más, vol
viéndonos usurpadores de los bienes ajenos, al punto de querer tenerlo todo a costa del sufrimiento de otros.
Actuar de esta manera es contradecir aquello que Dios ha dispuesto para el hombre, es actuar en forma contraria a como nos corresponde actuar, es vivir guiados por el deseo, la ambición y el egoísmo que nubla la razón al punto de hacernos perder el amor de Dios.
Nada es para nosotros solos, todo ha sido hecho por Dios para ser compartido con todos. La fe nos une a Dios, de igual manera esa fe que es adhesión a Jesús nos debe llevar a vivir unidos a nuestros hermanos compartiendo. Y es que el amor nos vuelve solidarios, nos lleva a salir de nosotros mismos, dejando a un lado el egoísmo.
Si Cristo es quien guía nuestro vivir, todo se ve y se hace distinto, es su amor el que nos inspira a darlo todo por los demás, renunciado a una serie de apegos personales y más bien buscar el bien del prójimo, aquí no hay descanso, es una total entrega generosa que día a día es animada por un profundo amor a Dios.
Casos podemos encontrar muchos, allí tenemos a Teresa de Calcuta y sus misioneras, su amor a Dios les lleva a buscar a los más necesitados dándolo todo por amor a un Dios que siendo amor, nos ha enseñado desde la eternidad a vivir del amor.




