Resulta chocante, tremendamente chocante pensar que un ser dotado de racionalidad como lo es el hombre, sea capaz de acciones tan irracionales como la de acabar con un ser humano indefenso, tan sólo por ese egoísmo brutal que no nos deja ver más allá de nuestras conveniencias.

Se nos quiere hacer creer que no hay vida en aquel ser que recién se está formando en el vientre de su madre, de allí la pretensión de calificar el aborto provocado como un derecho que habría de ser protegido por el Estado. El derecho a la vida no es una concesión del Estado, es un derecho anterior al Estado mismo y este tiene siempre la obligación de tutelarlo. Tampoco tiene el Estado autoridad para establecer un plazo, dentro de cuyos límites la práctica del aborto dejaría de ser un crimen”.

La vida merece respeto, recordemos que cada ser humano que viene a este mundo no es ningún producto del azar ni de las leyes ciegas de la materia, sino un ser único, capaz de conocer y de amar a su Creador, precisamente porque Dios lo ha amado desde siempre por sí mismo. Cada ser humano es, por eso, un don sagrado para sus padres y para toda la sociedad”.

 

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