Un año sacerdotal… para ser vivido por todos.
SER SACERDOTE es vivir en medio del mundo sin ambicionar sus placeres, ser miembro de cada familia, sin pertenecer a ninguna; compartir todos los sufrimientos, penetrar todos los secretos, perdonar todas las ofensas, ir del hombre a Dios y ofrecer a El sus oraciones, regresar de Dios al hombre para traer perdón y esperanza, tener un corazón de fuego para la caridad, y un corazón de bronce para la castidad; enseñar y perdonar, consolar y bendecir siempre, Dios mío, qué vida! Y esa es la tuya, oh sacerdote de Jesucristo!
Encontraba este pensamiento y la verdad es que me decía a mi mismo: Ser sacerdote es una bendición , así como también una vocación. Es una bendición toda vez que no cualquiera llega a serlo (“el Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús", repetía con frecuencia el Santo Cura de Ars). Es una vocación porque constituye un llamado especial a vivir la santidad de vida en medio del mundo.
Particularmente admiro y valoro mucho la figura del sacerdote, crecí junto a varios santos sacerdotes, en todos ellos vi aquel ingrediente indispensable que hace de un sacerdote un verdadero hombre de Dios:su transparencia, su pureza de vida, su sinceridad, su humildad y sencillez, reflejada en una total apertura a sus fieles y sobretodo su profundo amor a Dios, el cual se refleja en una entrega diaria a través de una permanente vida de oración.
El sacerdote forma parte de nuestra vida humana, toda vez que es un mediador autorizado para ofrecer sacrificios a Dios en reconocimiento de Su dominio supremo y en expiación por los pecados. A diferencia del profeta que comunica el mensaje de Dios a los hombres, el sacerdote es mediador de los hombres ante Dios. "Porque todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados" -Hebreos 5,1
Hoy sin embargo, no se ve ni se trata al sacerdote con el respeto que debería otorgársele, esto debido a una serie de hechos que tienen que ver con el desconocimiento que se tiene del mismo, casos concretos de infidelidad sacerdotal, falta de verdadera y autentica vocación en algunos sacerdotes, es triste todo esto es verdad, pero más triste aún es el hecho de que casi siempre terminamos generalizando estos acontecimientos yclaro llegamos a la triste y equivocada conclusión de que todos los sacerdotes son indignos, olvidamos de un sólo tirón a aquellos sacerdotes santos que a lo largo de la historia han dado su vida por amor a Dios.
Al respecto considero muy oportuno y necesario el hecho de que el Santo Padre haya convocado a vivir un año sacerdotal, toda vez que nos da la oportunidad y la posibilidad no sólo a los propios sacerdotes, sino también a todos los fieles, de renovar y revalorar el sacerdocio en nuestra Iglesia, cuan acertadas las palabras del Santo padre al referirse al sacerdocio tomando como gran referente la experiencia de vida del Santo Cura de Ars, nos recuerda del santo que era muy humilde, pero consciente de ser, como sacerdote, un inmenso don para su gente. Es claro que "Un buen pastor, un pastor según el Corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder
a una parroquia, y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina". San Juan María Vianney hablaba del sacerdocio como si no fuera posible llegar a percibir toda la grandeza del don y de la tarea confiados a una criatura humana: "Oh, qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría… Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia…". Pidamos por nuestros sacerdotes para que lleguen a comprender en profundidad la grandeza de ser un sacerdote de Dios.
Tenemos todo un año, sacerdotes y fieles para reflexionar y meditar en torno al don sacerdotal, no dejemos solos a nuestros sacerdotes ayudémosles a vivir con ilusión su entrega a Dios de cada día, recordemos que ellos no son los únicos que tienen la responsabilidad de vivir el evangelio, nosotros también participamos de un sacerdocio común que nos invita cada día a ser testigos de Cristo desde el lugar en el que nos encontremos.
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| Imprimir artículo | Este artículo fue publicado por Marco Alberca el Junio 21, 2009 a las 9:59 am, y está archivado en Amor, Donación, Educación, Entrega, Espiritualidad, Familia, Fe, Moral, Oración, Religión, Santidad, Valores, Vida, conocimiento, sacerdocio, vocación. Sigue las respuestas a esta entrada a través de RSS 2.0. Puedes dejar un comentario o enviar un trackback desde tu propio sitio. |





hace 6 meses
Excelente reflexión. Dios le continúe bendiciendo y le ilumine para que continúe compartiendo escritos como éste.