Archivo de Junio, 2010

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Ser sacerdote…

Se diga lo que se diga, el sacerdote es y seguirá siendo por voluntad divina un instrumento de Dios para la salvación de los hombres.

Todo aquel que conscientemente descubre que Dios le llama a consagrar su vida a través del ministerio del sacerdocio, asume la delicada tarea de hacer vida el sacerdocio de Cristo, de allí la gran responsabilidad, seriedad, y madurez con que debe de asumirse.

Ser sacerdote es un don de Dios, si por don entendemos, aquel regalo inmerecido que a veces recibimos, entonces el sacerdocio es un regalo que se le otorga al candidato, no por sus meritos personales, sino porque Dios en su infinito amor le da la posibilidad de hacer de su vida un medio de santificación convirtiéndose en colaborador fiel y cercano de la redención del hombre. Es bueno recordar a este propósito las palabras del Papa Benedicto XVI: “El sacerdote es un don del Corazón de Cristo: un don para la Iglesia y para el mundo. Del corazón del Hijo de Dios, rebosante de caridad, brotan todos los bienes de la Iglesia, y en modo particular tiene su origen la vocación de aquellos hombres que, conquistados por el Señor Jesús, dejan todo para dedicarse enteramente al servicio del pueblo cristiano, bajo el ejemplo del Buen Pastor”

Todos los seres humanos somos conscientes de lo que hacemos, el sacerdote y el futuro sacerdote, no escapan a esta realidad humana, de allí que su responsabilidad es mayor, en el sentido de que no sólo deben asumir con verdadera responsabilidad el rol que les corresponde, sino que deben de testimoniarlo a través de una vida que no sólo parezca santa, sino que debe verse, sentirse y vivirse santamente. Vivan su sacerdocio, no como Uds. creen que deben de vivirlo, vivan como Cristo quiere y les pide día tras día vivirlo, sólo así valdrá la pena vivir el ministerio sacerdotal, gastándose día tras día por aquel que lo dio todo por nosotros.

Muy a propósito del año sacerdotal que concluye, recuerden queridos  sacerdotes que tienen un modelo de vida, muy humano por cierto, y sin embargo tan lleno de Dios, como es el caso de San Juan María Vianney, imiten su sencillez, su humildad, su entrega diaria, su santidad, su clarísimo sentido de la pobreza, su pequeñez, pero al mismo tiempo su coraje, su entrega, su profundo y teológico amor a Dios, muy por encima de sus grandes limitaciones intelectuales, no dejen que la vida tan desordenada en estos últimos tiempos les haga mal entender el sentido verdadero del bien y del mal.


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Los padres, proveedores de amor a los hijos.

Que importante y delicado resulta el prepararse adecuadamente para la vida. Mucha más delicado si nos ponemos a pensar que no solo tendremos la responsabilidad de realizar bien nuestra tarea profesional, sino que  también en determinados casos, tendremos que asumir la delicada tarea de formar personas, dentro del seno de un hogar. Esto sin  duda requiere de una mayor preparación, ser padre implica madurez, responsabilidad, dedicación, en fin vivir una vida buena, la misma que requiere requiere aprender a autotrascender.

Particularmente, creo que el ser padre, es una tarea muy seria, a veces compleja, si no se actúa con criterio y madurez, de allí que quien asume la tarea de ser padre, tiene que ser consecuente y responsable con su misión, hoy más que nunca, en que todo parece indicar que la labor de padre, no está siendo asumida con toda la fuerza, seriedad y entereza con que debería ser asumida.

Leía hace unos días el testimonio de un padre de familia, el cual,  tras la muerte súbita de su hija, una joven de 21 años, decía: “ahora me doy cuenta que fallé, por descuido, en mi labor de padre… y es que no supe darle a mi hija toda la atención que requería, no la oriente acerca de como vivir y afrontar la vida, por consiguiente no le supe brindar el amor que necesitaba…, miren ahora, la he perdido”.

Es triste y verdaderamente lamentable, llegar a una situación de este tipo, pero a veces, por aquí va nuestro error de padres, vivimos tan metidos en nuestros asuntos, que consideramos que los asuntos de nuestros hijos, no requieren de nuestra atención, puesto que los consideramos insignificantes, si es que los llegamos a considerar, hay veces en que ni siquiera nos damos cuenta de lo que está sucediendo en casa con nuestros hijos, y es que de una u otra forma, en el camino perdemos el dialogo, el espacio y el tiempo de atención necesarios para comunicarnos con ellos, para desarrollar afectos, para simplemente conocernos y descubrirnos; los resultados son contundentes:distanciamiento, desconocimiento, esto es terminamos siendo huéspedes de un hogar que lamentablemente ya no es el nuestro, con un poco de suerte, tal vez desayunemos, almorcemos o cenemos juntos, como en cualquier pensión, pero no tendremos el tiempo ni el espacio para hacer vida en familia, simplemente se habrá quebrado la relación familiar.

Insisto, que delicado e importante es ser padre, digo esto, porque si partimos de la palabra misma, veremos que, si bien es cierto el termino padre significa «proveedor», aquí habría que aclarar, que el padre no debe convertirse en un simple proveedor de bienes materiales, también debe aprender a proveer bienes espirituales, es decir valores, normas, principios de vida que ayuden a sus hijos a crecer como personas y a desarrollar adecuadamente aquel proyecto de vida que mañana más tarde les permita insertarse adecuadamente en la sociedad, sabiendo la misión que deben de asumir en la vida.

Por eso digo que ser padre es asumir la responsabilidad de ayudar a nuestros hijos a lograrse como personas, ayudarles a descubrirse como lo que son, seres capaces de comprender lo que hacen.

Para lograrlo, no bastan las palabras, no bastan los regalos o las propinas, es necesario el testimonio de vida, los hijos, tienen que llegar a descubrir en sus padres un modelo de vida digno de ser imitado.