Archivo de Julio, 2007

Vivir para ser felices

Vivimos la vida, casi siempre cual si fuese un pesado lastre, al cual hay que arrastrar porque sencillamente no nos queda otra cosa por hacer. Olvidando o mejor dicho, no queriendo intentar ver el verdadero sentido y valor de esta nuestra existencia. Son los problemas del día a día que se van acrecentando y van logrando oscurecer nuestra visión de las cosas o simplemente el haber aprendido a vegetar o caminar rutinariamente, lo que hace que mi vida, tu vida, su vida, esa vida, aquella vida, cada día pierda su horizonte.

Resulta verdaderamente importante, el que de cuando en cuando hagamos un alto en nuestro caminar, para reflexionar en torno al valor e importancia de la vida que nos ha tocado vivir.

Quienes somos adultos y de alguna manera tenemos ingerencia en los niños y jóvenes, debemos interiorizar con más fuerza el sentido de la vida, puesto que es a nosotros, padres de familia, profesores, orientadores, a quienes se nos encomienda de alguna manera el acompañar y ayudar a darle sentido a la vida de tantos niños y jóvenes que intentan aprender a caminar por si solos, a veces sin rumbo claro, y lo que es más lamentable, caminar imitando a muchos adultos que consideran que sus vidas no valen la pena ser vividas. Que tristeza el tener como modelos de vida a quienes no tienen nada que ofrecer pues su vida no es más que un pozo seco, oscuro y profundo.

Debemos llegar a entender que Dios no nos ha dado la vida para sufrir, no tendría sentido; la vida, Dios nos la ha dado para ser felices, para fructificar con ella, para alcanzar metas, para realizarnos como personas, para hacer frente a los problemas del día a día, es claro que sólo lo lograremos con esfuerzo con tesón, con garbo, con verdadero deseo de hacer bien las cosas.

¡Vivamos, como nos corresponde vivir!…

La adolescencia y la juventud, son dos etapas muy importantes dentro del proceso de desarrollo del ser humano, van marcando el final del proceso de maduración. Son etapas de búsqueda y de encuentro, el adolescente anhela ser el mismo pero aún no acaba de hallarse, necesita de referentes, de personas que puedan encaminarle, orientarle en cuanto a la razón de ser de su existencia.

Hoy más que nunca en este mundo tan cambiante y convulsionado por ese fenómeno llamado despersonalización, necesitamos ayudar a nuestros adolescentes a encontrar un horizonte claro, despejado, que les permita ver con claridad la vida, necesitamos mostrarles que la vida bien vivida es causa de intenso gozo, que no es cuestión de dejarnos llevar por el día a día, asumiendo con cinismo la vida, sino más bien esforzándonos por llegar a esa etapa de la juventud con perspectivas claras que nos permitan asumir con fe e ilusión nuestro vivir, no permitamos que nuestros jóvenes y adultos del mañana se pierdan en el tiempo ahogados por una maraña de desilusiones, producto de su desorientación y sobretodo de nuestra despreocupación que como adultos mostramos ya sea como padres, como maestros o simplemente como meros acompañantes “topetes” de ese banal y rutinario vivir.

Parece mentira, pero es verdad, los adultos de hoy, olvidamos con facilidad que un día también fuimos adolescentes, y esto es justamente lo trágico, lo lamentable, el no poder o no querer ver que nuestros jóvenes necesitan de un buen padre, un buen maestro, un buen amigo, que realmente esté dispuesto a ofrecerles un pequeño espacio de de su tiempo, para simplemente oírles, atenderles y animarles a vivir la vida con alegría.

Ayudemos a detener este mar de desenfreno y violencia en el cual van cayendo nuestros adolescentes y jóvenes, ayudemos desde nuestro lugar a darle un sentido verdadero y autentico a las vidas de tantos chicos y chicas que con sus gritos, escándalos, poses grotescas y desenfado al hablar, lo único que en el fondo buscan es hacernos notar lo necesitados que están de que alguien les atienda, les anime a caminar por el sendero correcto y sobre todo les ayude a vivir bien, es decir a vivir como realmente le corresponde al ser humano, como persona.

Machu Picchu, la nueva maravilla del mundo.

“Tengo el orgullo de ser peruano y soy feliz, de haber nacido en esta hermosa tierra del sol”…, así reza parte de la letra de una de las canciones más emblemáticas y populares de mi patria el Perú, hoy tras seguir muy de cerca el evento a través del cual se elegían y declaraban las nuevas siete maravillas del mundo, he podido advertir en carne propia la felicidad y el orgullo de no sólo ser peruano de nacimiento sino también sentirme peruano de corazón.

Y es que reconocer a Machu Picchu, ciudadela Inca, como una de las siete nuevas maravillas del mundo, significa para quienes formamos parte de este hermoso país, ratificar la grandeza de nuestro pasado histórico, significa valorar nuestra riqueza cultural, significa mostrar al mundo que aquí en Perú existe un patrimonio cultural que le pertenece a toda la humanidad, y que como tal debe ser conocido y reconocido en todo el mundo.

Machu Picchu, es la prueba viviente de un pueblo que supo forjarse en base al esfuerzo y coraje de sus pobladores, es mostrar al mundo la majestuosidad y riqueza del Imperio Inca, en fin, es gritar al mundo que aquí en Perú existe mucho por conocer de nuestro pasado, un pasado que por cierto es grandioso. Vengan a constatarlo, les esperamos.