Pecado

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La realidad del embrión humano, respetemos la vida…

Una vez más, quisiera a través de este video y algunos párrafos de la declaración final  de la XII Asamblea general y del Congreso Internacional sobre el tema "El embrión humano en la fase de preimplantación. Aspectos científicos y consideraciones bioéticas" (27-28 de febrero de 2006) recordar que el embrión humano, no sólo posee vida, sino que es persona humana y merece respeto.

 

 

Para poder formular un juicio más objetivo sobre la realidad del embrión humano y, por tanto, deducir indicaciones éticas, es preciso más bien tomar en cuenta criterios "intrínsecos" al embrión mismo, comenzando precisamente por los datos que el conocimiento científico pone a nuestra disposición. A partir de ellos se puede afirmar que el embrión humano en la fase de la preimplantación es:  a) un ser de la especie humana; b) un ser individual; c) un ser que posee en sí la finalidad de desarrollarse en cuanto persona humana y a la vez la capacidad intrínseca de realizar ese desarrollo.
¿De todo ello se puede concluir que el embrión humano en la fase de la preimplantación ya es realmente una persona? Es obvio que, tratándose de una interpretación filosófica, la respuesta a esta pregunta no es de "fe definida" y permanece abierta, en cualquier caso, a ulteriores consideraciones.
Con todo, precisamente a partir de los datos biológicos de los que se dispone, consideramos que no existe ninguna razón significativa que lleve a negar que el embrión es persona ya en esta fase. Naturalmente, eso presupone una interpretación del concepto de persona de tipo substancial, es decir, referida a la misma naturaleza humana en cuanto tal, rica en potencialidades que se expresarán a lo largo de todo el desarrollo embrional y también después del nacimiento.
En apoyo de esta posición, conviene observar que la teoría de la animación inmediata, aplicada a todo ser humano que viene a la existencia, resulta plenamente coherente con su realidad biológica (así como en "substancial" continuidad con el pensamiento de la Tradición). "Porque tú mis riñones has formado, me has tejido en el vientre de mi madre; yo te doy gracias por tantas maravillas:  prodigio soy, prodigios son tus obras. Mi alma conocías cabalmente", dice el Salmo (Sal 139, 13-14), refiriéndose a la intervención directa de Dios en la creación del alma de todo nuevo ser humano.
Además, desde el punto de vista moral, por encima de cualquier consideración sobre la personalidad del embrión humano, el simple hecho de estar en presencia de un ser humano (y sería suficiente incluso la duda de encontrarse en su presencia) exige en relación con él el pleno respeto de su integridad y dignidad:  todo comportamiento que de algún modo pueda constituir una amenaza o una ofensa a sus derechos fundamentales, el primero de los cuales es el derecho a la vida, ha de considerarse gravemente inmoral.
Para concluir, deseamos hacer nuestras las palabras que el Santo Padre Benedicto XVI pronunció en su discurso a nuestro congreso:  "El amor de Dios no hace diferencia entre el recién concebido, aún en el seno de su madre, y el niño o el joven o el hombre maduro o el anciano. No hace diferencia, porque en cada uno de ellos ve la huella de su imagen y semejanza (cf. Gn 1, 26). No hace diferencia, porque en todos ve reflejado el rostro de su Hijo unigénito, en quien "nos ha elegido antes de la creación del mundo (…), eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos (…), según el beneplácito de su voluntad" (Ef 1, 4-6)" (Discurso a los participantes en la asamblea general de la Academia pontificia para la vida y al Congreso internacional sobre "El embrión humano en la fase de la preimplantación", 27 de febrero de 2006:  L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 3 de marzo de 2006, p. 4).

Reasumir el evangelio de la vida…

Su santidad Juan Pablo II en su encíclica “El Evangelio de la Vida” nos planteaba esta pregunta  ¿Por qué la vida es un bien?, y claro, la pregunta recorre toda la Biblia, y ya desde sus primeras páginas encuentra una respuesta eficaz y admirable. La vida que Dios da al hombre es original y diversa de la de las demás criaturas vivientes, ya que el hombre, aunque proveniente del polvo de la tierra (cf.  Gn 2, 7; 3, 19; Jb 34, 15; Sal 103102, 14; 104103, 29), es manifestación de Dios en el mundo, signo de su presencia, resplandor de su gloria (cf. Gn 1, 26-27; Sal 8, 6).

De otro lado nos recordaba que si la vida del hombre proviene de Dios, es su don, su imagen e impronta, participación de su soplo vital. Por tanto, Dios es el único señor de esta vida: el hombre no puede disponer de ella.

Algo importante en torno a la vida, y que Juan Pablo II recalca como algo que no debemos perder de vista, es que : “la vida se confía al hombre como un tesoro que no se debe malgastar, como un talento a negociar. El hombre debe rendir cuentas de ella a su Señor” (cf. Mt 25, 14-30; Lc 19, 12-27).

Por lo tanto, si la vida es un don, un tesoro, no cabe duda que: defender y La vida, todo un don de Dios promover, respetar y amar la vida es una tarea que Dios confía a cada hombre, llamándolo, como imagen palpitante suya, a participar de la soberanía que El tiene sobre el mundo: « Y Dios los bendijo, y les dijo Dios: “Sed fecundos y multiplicaos, y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra” » (Gn 1, 28).

En otro momento y de alguna manera muy acorde con el tema, el mismo Juan Pablo II, en su encíclica “Fides Et Ratio” defiende la capacidad de la razón humana para conocer la verdad toda vez que recalca el hecho de que “la fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad”. Esa verdad no es otra que la de saber que la vida nos ha sido dada para cuidarla, más aún acrecentarla, en este sentido todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón (cf.Rm 2, 14-15) el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término, y afirmar el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente este bien primario suyo. En el reconocimiento de este derecho se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad política.

El evangelio de la vida, que hoy traigo a colación a través de algunos de sus textos que me ha parecido oportuno extraer, nos llama a actuar como en verdad debemos actuar, con valor, con firmeza, con sentido común, en este sentido, no nos dejemos sorprender por aquellos que no tienen la menor idea del valor y significado trascendental de la vida, no olvidemos que no puede haber siquiera verdadera paz, si no se defiende y promueve la vida, como recordaba Pablo VI: « Todo delito contra la vida es un atentado contra la paz, especialmente si hace mella en la conducta del pueblo…


"Celebrar la misericordia. ‘Dejaos reconciliar con Dios’".

El tiempo de Adviento que ya estamos viviendo, constituye una etapa muy especial en la vida del creyente, puesto que nos da la posibilidad de celebrar de verdad la misericordia de un Dios que siempre está dispuesto a acogernos, claro que en esto juega mucho el hecho de querer dejarnos reconciliar.

San Pablo en su segunda carta a los Corintios (2 Cor. 5, 20) nos invita a dejarnos reconciliar con Dios, y es que en verdad de esto se trata todo, de querer buscar el perdón de Dios , toda vez que constituye el punto de partida para el cambio de vida, tan necesario para lograr alcanzar esa vida buena a la que Dios nos llama.

¿Pero cómo lograr de verdad vivir según el querer de Dios? … la respuesta es sencilla, tratando de descubrir día tras día aquella verdad que Dios Padre a través de su hijo Jesucristo nos ha revelado; lamentablemente nos hemos alejado de la verdad real que es Dios, para ir tras un a verdad muy a nuestra medida, la cual nos termina apartando de aquel que debería ser el centro de nuestra vida.

Es por este motivo que el Papa Benedicto XVI, manifiesta que “En nuestro  tiempo una de las prioridades pastorales es sin duda formar rectamente la conciencia de los creyentes porque… en la medida en que se pierde el sentido del pecado, aumentan los sentimientos de culpa, que se quisiera eliminar con remedios paliativos insuficientes. A la formación de las conciencias contribuyen múltiples y valiosos instrumentos espirituales y pastorales que es preciso valorar cada vez más" Y añadía: "Como todos los sacramentos, también el de la Penitencia requiere una catequesis previa y una catequesis mistagógica para profundizar el sacramento per ritus et preces… Además de la catequesis hace falta un sabio uso de la predicación, que en la historia de la Iglesia ha asumido formas diversas según la mentalidad y las necesidades pastorales de los fieles" (ibídem).

Junto a una adecuada formación de la conciencia moral y una madurez de vida y celebración del sacramento, se necesita favorecer en los fieles la experiencia del acompañamiento espiritual. Precisamente por este motivo, seguía observando el Papa, hoy "se necesitan ‘maestros de espíritu’ sabios y santos", exhortando a los sacerdotes a "mantener siempre viva en sí mismos la conciencia de que deben ser ‘ministros’ dignos de la misericordia divina y educadores responsables de las conciencias", inspirándose en el ejemplo del cura de Ars, san Juan María Vianney, de quien precisamente en este año recordamos el 150 aniversario de su fallecimiento (Cf. ibídem).

Que estos cuatro domingos de adviento nos ayuden a encontrarnos y a encontrar de verdad el camino que nos lleve a lograr que Jesús niño nazca en nuestros corazones.

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