En nuestras universidades y escuelas ¿es “tangible” la fe?
Escrito en Junio 24, 2009
Categoria: Familia | Deja un Comentario
Muy a propósito de la educación que se imparte en las escuelas y universidades católicas, me parece oportuno publicar este artículo, y es que resulta imprescindible que todos los que nos dedicamos a la tarea educativa, meditemos en torno a lo que constituye nuestra gran responsabilidad de educar en la verdad.
Benedicto XVI nos está pidiendo insistentemente que reaccionamos ante lo que él considera como una verdadera “emergencia educativa”.
El pasado 29 de mayo, ante la 58º Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Italiana, el Papa recalcó en su discurso que la causa de la "fuertemente advertida emergencia educativa" es "un relativismo penetrante y no raramente agresivo" que marca la sociedad y la cultura. Ya el 17 de abril, en su encuentro con los educadores católicos norteamericanos, el Santo Padre, consciente de los peligros que acarrea la creciente secularización, nos había emplazado a combatir sin complejos el relativismo :“la ideología secularista introduce una cuña entre verdad y fe. Esta división ha llevado a la tendencia de equiparar verdad y conocimiento y a adoptar una mentalidad positivista que, rechazando la metafísica, niega los fundamentos de la fe y rechaza la necesidad de una visión moral”.
El 21 de enero de 2008, Benedicto XVI escribía una Carta a la Diócesis de Roma sobre la tarea urgente de la educación en la que manifestaba su preocupación ante esta calamitosa situación: “no podemos menos que interesarnos por la formación de las nuevas generaciones, por su capacidad de orientarse en la vida y de discernir el bien del mal, y por su salud, no sólo física sino también moral”. “Es especialmente inquietante – nos advierte Benedicto XVI – la reducción de la preciosa y delicada área de la educación sexual a la gestión del “riesgo”, sin referencia alguna a la belleza del amor conyugal”.
Para el Papa nuestras escuelas “han de ser lugares en los que se reconoce la presencia activa de Dios en los asuntos humanos”. Y para ello, en la citada Carta a la Diócesis de Roma, Benedicto XVI resalta “algunas exigencias comunes de una educación auténtica”:
1) Una escuela católica debe educar con amor. La auténtica educación católica, “ante todo, necesita la cercanía y la confianza que nacen del amor”. "Obviamente son sobre todo importantes las relaciones personales y especialmente la confesión sacramental y la dirección espiritual", subrayaba, en este sentido, el Papa ante la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Italiana el pasado mes de mayo.
2) La escuela católica debe trabajar para que los niños y jóvenes descubran la verdad:“sobre todo la verdad que puede guiar la vida”.
3) La escuela católica debe ser exigente y forjar la voluntad y el espíritu de sacrificio de los alumnos. Debemos enseñar a los jóvenes – señala Benedicto XVI – que “el sufrimiento forma parte de la verdad de nuestra vida. Por eso, al tratar de proteger a los más jóvenes de cualquier dificultad y experiencia de dolor, corremos el riesgo de formar, a pesar de nuestras buenas intenciones, personas frágiles y poco generosas, pues la capacidad de amar corresponde a la capacidad de sufrir, y de sufrir juntos”.
4) El Papa considera que el punto quizá más delicado de la obra educativa es “encontrar el equilibrio adecuado entre libertad y disciplina. Sin reglas de comportamiento y de vida, aplicadas día a día también en las cosas pequeñas, no se forma el carácter y no se prepara para afrontar las pruebas que no faltarán en el futuro. Pero la relación educativa es ante todo encuentro de dos libertades, y la educación bien lograda es una formación para el uso correcto de la libertad”.
Para lograr este delicado equilibrio, el Santo Padre considera imprescindible que los profesores ejerzan la autoridad, “fruto de su experiencia y de su competencia”; autoridad que ellos mismos deben ganarse “sobre todo con la coherencia de la propia vida y con su implicación personal, expresión del amor verdadero. Por consiguiente, el educador es un testigo de la verdad y del bien” .
5) El Santo Padre considera que una auténtica educación debe enseñar el valor de la responsabilidad, tan íntimamente unida al ejercicio de la libertad: “La responsabilidad es, en primer lugar, personal; pero hay también una responsabilidad que compartimos juntos, como ciudadanos de una misma ciudad y de una misma nación, como miembros de la familia humana y, si somos creyentes, como hijos de un único Dios y miembros de la Iglesia”.
6) Por último, la escuela católica debe saber transmitir a sus alumnos la esperanza cristiana: “Sólo una esperanza fiable puede ser el alma de la educación, como de toda la vida. Hoy nuestra esperanza se ve acechada desde muchas partes, y también nosotros, como los antiguos paganos, corremos el riesgo de convertirnos en hombres "sin esperanza y sin Dios en este mundo", como escribió el apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso (Ef 2, 12).
Precisamente de aquí nace la dificultad tal vez más profunda para una verdadera obra educativa, pues en la raíz de la crisis de la educación hay una crisis de confianza en la vida”.
En el discurso ante los educadores católicos norteamericanos, Su Santidad recordaba lo que debe ser una verdadera escuela católica: “ cada institución educativa católica es un lugar para encontrar a Dios vivo” . Y en ese discurso el Papa nos lanzaba una serie de cuestiones que deben resonar en nosotros a la hora de dilucidar la autenticidad de la identidad católica de nuestras escuelas:
“¿Creemos realmente que sólo en el misterio del Verbo encarnado se esclarece verdaderamente el misterio del hombre (cf. Gaudium et spes, 22)? ¿Estamos realmente dispuestos a confiar todo nuestro yo, inteligencia y voluntad, mente y corazón, a Dios? ¿Aceptamos la verdad que Cristo revela? En nuestras universidades y escuelas ¿es “tangible” la fe? ¿Se expresa fervientemente en la liturgia, en los sacramentos, por medio de la oración, los actos de caridad, la solicitud por la justicia y el respeto por la creación de Dios? Solamente de este modo damos realmente testimonio sobre el sentido de quiénes somos y de lo que sostenemos”.
Fuente: Forumlibertas.com
Autor: Pedro Luis Llera
El aborto, siempre será un crimen.
Escrito en Junio 23, 2009
Categoria: Aborto, Amor, Bioética, Crimen, Derecho a vivir, Educación, Entrega, Espiritualidad, Familia, Moral, Paternidad responsable, Valores, Vida, conocimiento, Ética | 1 Comentario
Resulta chocante, tremendamente chocante pensar que un ser dotado de racionalidad como lo es el hombre, sea capaz de acciones tan irracionales como la de acabar con un ser humano indefenso, tan sólo por ese egoísmo brutal que no nos deja ver más allá de nuestras conveniencias.
Se nos quiere hacer creer que no hay vida en aquel ser que recién se está formando en el vientre de su madre, de allí la pretensión de calificar el aborto provocado como un derecho que habría de ser protegido por el Estado. El derecho a la vida no es una concesión del Estado, es un derecho anterior al Estado mismo y este tiene siempre la obligación de tutelarlo. Tampoco tiene el Estado autoridad para establecer un plazo, dentro de cuyos límites la práctica del aborto dejaría de ser un crimen”.
La vida merece respeto, recordemos que cada ser humano que viene a este mundo no es ningún producto del azar ni de las leyes ciegas de la materia, sino un ser único, capaz de conocer y de amar a su Creador, precisamente porque Dios lo ha amado desde siempre por sí mismo. Cada ser humano es, por eso, un don sagrado para sus padres y para toda la sociedad”.
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Un año sacerdotal… para ser vivido por todos.
Escrito en Junio 21, 2009
Categoria: Amor, Donación, Educación, Entrega, Espiritualidad, Familia, Fe, Moral, Oración, Religión, Santidad, Valores, Vida, conocimiento, sacerdocio, vocación | Deja un Comentario
SER SACERDOTE es vivir en medio del mundo sin ambicionar sus placeres, ser miembro de cada familia, sin pertenecer a ninguna; compartir todos los sufrimientos, penetrar todos los secretos, perdonar todas las ofensas, ir del hombre a Dios y ofrecer a El sus oraciones, regresar de Dios al hombre para traer perdón y esperanza, tener un corazón de fuego para la caridad, y un corazón de bronce para la castidad; enseñar y perdonar, consolar y bendecir siempre, Dios mío, qué vida! Y esa es la tuya, oh sacerdote de Jesucristo!
Encontraba este pensamiento y la verdad es que me decía a mi mismo: Ser sacerdote es una bendición , así como también una vocación. Es una bendición toda vez que no cualquiera llega a serlo (“el Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús", repetía con frecuencia el Santo Cura de Ars). Es una vocación porque constituye un llamado especial a vivir la santidad de vida en medio del mundo.
Particularmente admiro y valoro mucho la figura del sacerdote, crecí junto a varios santos sacerdotes, en todos ellos vi aquel ingrediente indispensable que hace de un sacerdote un verdadero hombre de Dios:su transparencia, su pureza de vida, su sinceridad, su humildad y sencillez, reflejada en una total apertura a sus fieles y sobretodo su profundo amor a Dios, el cual se refleja en una entrega diaria a través de una permanente vida de oración.
El sacerdote forma parte de nuestra vida humana, toda vez que es un mediador autorizado para ofrecer sacrificios a Dios en reconocimiento de Su dominio supremo y en expiación por los pecados. A diferencia del profeta que comunica el mensaje de Dios a los hombres, el sacerdote es mediador de los hombres ante Dios. "Porque todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados" -Hebreos 5,1
Hoy sin embargo, no se ve ni se trata al sacerdote con el respeto que debería otorgársele, esto debido a una serie de hechos que tienen que ver con el desconocimiento que se tiene del mismo, casos concretos de infidelidad sacerdotal, falta de verdadera y autentica vocación en algunos sacerdotes, es triste todo esto es verdad, pero más triste aún es el hecho de que casi siempre terminamos generalizando estos acontecimientos yclaro llegamos a la triste y equivocada conclusión de que todos los sacerdotes son indignos, olvidamos de un sólo tirón a aquellos sacerdotes santos que a lo largo de la historia han dado su vida por amor a Dios.
Al respecto considero muy oportuno y necesario el hecho de que el Santo Padre haya convocado a vivir un año sacerdotal, toda vez que nos da la oportunidad y la posibilidad no sólo a los propios sacerdotes, sino también a todos los fieles, de renovar y revalorar el sacerdocio en nuestra Iglesia, cuan acertadas las palabras del Santo padre al referirse al sacerdocio tomando como gran referente la experiencia de vida del Santo Cura de Ars, nos recuerda del santo que era muy humilde, pero consciente de ser, como sacerdote, un inmenso don para su gente. Es claro que "Un buen pastor, un pastor según el Corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder
a una parroquia, y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina". San Juan María Vianney hablaba del sacerdocio como si no fuera posible llegar a percibir toda la grandeza del don y de la tarea confiados a una criatura humana: "Oh, qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría… Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia…". Pidamos por nuestros sacerdotes para que lleguen a comprender en profundidad la grandeza de ser un sacerdote de Dios.
Tenemos todo un año, sacerdotes y fieles para reflexionar y meditar en torno al don sacerdotal, no dejemos solos a nuestros sacerdotes ayudémosles a vivir con ilusión su entrega a Dios de cada día, recordemos que ellos no son los únicos que tienen la responsabilidad de vivir el evangelio, nosotros también participamos de un sacerdocio común que nos invita cada día a ser testigos de Cristo desde el lugar en el que nos encontremos.
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Entendámoslo, existe el derecho a vivir…
Escrito en Mayo 6, 2009
Categoria: Aborto, Amor, Bioética, Derecho a vivir, Donación, Educación, Entrega, Espiritualidad, Familia, Fe, Filosofía, Moral, Oración, Paternidad responsable, Religión, Santidad, Valores, Vida, Voluntad, conocimiento, vocación, Ética | 3 Comentarios
Tan solo quiero que veamos y meditemos lo que el presente video, intenta hacernos recordar a todos que: «Homo sacra res homini, el hombre es cosa sagrada para el hombre, escribió Séneca, «El embrión humano es algo divino, en tanto que es un hombre en potencia», escribió Aristóteles….
El video habla por si mismo, unámos esfuerzos y desde el lugar en el que nos encontremos, defendamos el derecho a vivir.
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Sobre la Indisolubilidad del matrimonio.
Escrito en Mayo 6, 2009
Categoria: Amor, Donación, Educación, Entrega, Espiritualidad, Familia, Moral, Paternidad responsable, Religión, Santidad, Valores, Vida, Voluntad, conocimiento, vocación | 1 Comentario
Dios, que es amor y creó al hombre por amor, lo ha llamado a amar. Creando al hombre y a la mujer, los ha llamado en el Matrimonio a una íntima comunión de vida y amor entre ellos, «de manera que ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19, 6). Al bendecirlos, Dios les dijo: «Creced y multiplicaos» (Gn. 1, 28). (CEC; Compendio, n.° 337)
De esta manera nos recuerda el catecismo de la Iglesia, aquel designio primario que tiene Dios sobre el hombre y la mujer, y es que Dios padre amoroso, ha creado al hombre para que viva la vida en un estado de apertura a los demás, en este sentido es el amor de pareja el que alimenta y otorga direccionalidad a la vida del hombre, toda vez que este, me refiero al amor, se verá prolongado en los hijos y en los hijos de sus hijos.
El hombre es un ser creado para vivir y alcanzar su felicidad en comunidad, en la primera página del génesis encontramos, que el ser humano aparece en matrimonio (Gn. 1, 26 – 28) de allí el hecho de que si tomamos como referentes a Adán y Eva, podemos decir que la vocación común del hombre es el matrimonio. Es por ello que Juan Pablo II define al ser humano como “un ser esponsalico”. Con ello quería expresar que, de ordinario, el hombre y la mujer están llamados por Dios a vivir en matrimonio.
Ahora bien, esta unión matrimonial, no es una unión cualquiera, todo lo contrario, la Sagrada Escritura nos muestra a lo largo de sus páginas, que el matrimonio es querido por Dios, de allí que en palabras de Cristo, se nos recuerde el hecho de que “Al principio de la creación los hizo Dios varón y mujer; por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y serán los dos una sola carne. De manera que no son dos, sino una carne. Lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” ( Mc. 10, 6 – 8 )
Es evidente que las palabras de Jesucristo, revelan algunos detalles importantes del querer de Dios respecto al matrimonio, me refiero en este sentido al hecho de que el verdadero matrimonio diseñado por Dios desde el principio es uno con una y para siempre.
Al respecto, conviene recordar que una de las propiedades esenciales del matrimonio es la Indisolubilidad, y lo es porque se basa en el amor, concretamente en el amor conyugal; y el amor, que es un acto libre de la voluntad humana, ama a la persona por el solo hecho de serlo; por eso el amor es propiamente entre personas. Por consiguiente, el amor es incondicional y es para siempre. Y todo esto tiene su fundamento en Dios que es eterno, inmutable y el Amor mismo. De allí que:
“La entrega a la persona exige, por su naturaleza, que sea duradera e irrevocable. La indisolubilidad del matrimonio deriva primariamente de la esencia de esa entrega: entrega de la persona a la persona.” (Juan Pablo II, Carta a las Familias, n. 11).
“El auténtico amor tiende por sí mismo a ser algo definitivo, no algo pasajero.” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1646).
“El amor nunca se acaba” (1 Corintios 13, 8).
La única forma en que el hombre logra alcanzar su felicidad, es viviendo conforme al querer de Dios, al respecto no debemos olvidar que si Dios nos llama a vivir en el amor, este amor, debe ser permanente, no puede ser pasajero, vivir un amor así, denota una falta de presencia divina en nuestras vidas, es vivir alejado de Dios.
Quien vive alejado de Dios se pierde en el egoísmo que no ve más allá de sus intereses personales, el divorcio, la separación, malos consejos, y todo aquello que contribuya a destruir la unión matrimonial. Todo lo contrario “El amor de los esposos exige, por su misma naturaleza, la unidad y la indisolubilidad de la comunidad de personas que abarca la vida entera de los esposos: «De manera que ya no son dos sino una sola carne» (Mt 19, 6).” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1644).
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No olvidemos a nuestra Madre…
Escrito en Mayo 5, 2009
Categoria: Amor, Educación, Espiritualidad, Familia, Fe, Oración, Religión, Santidad, Valores, Vida, conocimiento, vocación | 2 Comentarios
Esta mañana siguiendo los clásicos de la radio, escuchaba el tema “Ave María” y la verdad es que no resistí la tentación de colgar este video del gran Raphael, el tema es sugestivamente hermoso, pues si además de escucharlo lo meditamos, nos daremos cuenta que en nuestro vivir cristiano, casi siempre terminamos, olvidando aquel hermoso amor que nos debe unir a nuestra madre del cielo. la rutina, el indiferentismo, el secularismo , no nos dejan ver con claridad y terminamos viendo la vida y todo lo que en ella se da, de la forma que queremos verla.
No perdamos de vista lo que el Compendio de la Iglesia Católica nos dice respecto a la maternidad espiritual de María: tuvo un único Hijo, Jesús, pero en Él su maternidad espiritual se extiende a todos los hombres, que Jesús vino a salvar. Obediente junto a Jesucristo, el nuevo Adán, la Virgen es la nueva Eva, la verdadera madre de los vivientes, que coopera con amor de madre al nacimiento y a la formación de todos en el orden de la gracia. Virgen y Madre, María es la figura de la Iglesia, su más perfecta realización.
Lo que tenemos que hacer es pedirle a nuestra madre que nunca nos alejemos de ella, que no olvidemos nuestro amor de hijos, que siempre fiados de su amor de madre sepamos escucharle cuando nos dice: «Haced lo que él os diga» y es que es solo a través de ella que llegamos a conocer y a amar a su hijo Jesucristo.
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Aprender a contemplar a María.
Escrito en Mayo 3, 2009
Categoria: Amor, Educación, Entrega, Espiritualidad, Familia, Fe, Oración, Religión, Santa María, Santidad, Valores, conocimiento, vocación | 2 Comentarios
Hemos llegado al mes de mayo, y con él nos llega la posibilidad de incentivar en nuestras vidas una especial y mejor atención a nuestra madre del cielo, ya lo decía el Papa Juan pablo II: “El mes de mayo nos estimula a pensar y a hablar de modo particular de Ella. En efecto, este es su mes. Así pues, el período del año litúrgico, [Resurrección], y el corriente mes llaman e invitan nuestros corazones a abrirse de manera singular a María”.
Es un mes en el cual si nos damos la oportunidad, podemos llegar a conocer mejor la persona de María, no intento decir con esto, que no le conozcamos, lo que intento decir es que si le queremos, le debemos dedicar mayor y mejor atención a su persona, a:
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Su inmaculada concepción: A la única mujer que Dios le permitió ser concebida y nacer sin pecado original fue a la Virgen María porque iba a ser madre de Cristo.
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Su maternidad divina: La Virgen María es verdadera madre humana de Jesucristo, el hijo de Dios.
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Su perpetua virginidad: María concibió por obra del Espíritu Santo, por lo que siempre permaneció virgen.
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Su asunción a los cielos: La Virgen María, al final de su vida, fue subida en cuerpo y alma al Cielo.
De lo que se trata en este mes de mayo, es de aprender a contemplar a María, me refiero a reconocer que es nuestra madre, y claro si esto es así, debemos de imitar a san Estanislao de Kostka cuando dice: "¡Y cómo no voy a quererla, si es mi Madre!”.
Mayo es un mes muy especial, si nos matriculamos en la escuela de María, aprenderemos de ella, que era una mujer de profunda vida de oración, vivía siempre cerca de Dios. Era una mujer humilde, es decir, sencilla; era generosa, se olvidaba de sí misma para darse a los demás; tenía gran caridad, amaba y ayudaba a todos por igual; era servicial, atendía a José y a Jesús con amor; vivía con alegría; era paciente con su familia; sabía aceptar la voluntad de Dios en su vida.
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Papá quiero ser como tú…
Escrito en Abril 26, 2009
Categoria: Amor, Donación, Educación, Entrega, Familia, Fe, Moral, Paternidad responsable, Santidad, Valores, Vida, Voluntad, conocimiento, vocación, Ética | Deja un Comentario
Somos verdaderamente padres, en la medida que nos esforzamos cada día por ver no solamente crecer físicamente a nuestros hijos, sino también verlos crecer como personas. Es esta la parte más difícil, pues necesitan de alguien que este junto a ellos para poder crecer bien. Resulta triste pensar, que muchas veces, nosotros los padres no estemos allí, junto a ellos para acompañarlos y verlos crecer, me refiero a ayudarlos a crecer de la mejor manera.
Veía este video que ahora les presento y la verdad es esa, queremos que nuestros hijos sean como nosotros, sin embargo, casi nunca nos detenemos a pensar en como somos nosotros, si lo hiciésemos, descubriríamos que necesitamos aprender a ser padres, justamente compartiendo con ellos, escuchándoles, apoyándoles, preguntándoles, conociéndoles.
Nuestros hijos anhelan desde pequeños ser como sus padres, que triste es pensar que puedan terminar siendo tan distantes, fríos y lejanos como muchos de nosotros somos y no es que no nos quieran, o que nosotros no les queramos, lo triste es que vivimos tan metidos en nuestro mundo, que hemos dejado pasar el tiempo y hemos olvidado que todo tiene su momento y claro cuando nos damos cuenta de lo importante que es un hijo en nuestra vida, puede que sea muy tarde, habrá crecido y de tanto querer ser como su padre, finalmente terminará siendo y actuando como lo hacía su padre.
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Amor a la vida…
Escrito en Abril 24, 2009
Categoria: Amor, Donación, Educación, Entrega, Espiritualidad, Familia, Fe, Oración, Religión, Santidad, Valores, Vida, Voluntad, vocación | Deja un Comentario
Cuando la vida es bien vivida, nada de lo que acontece o pueda llegar a acontecer, nos puede apartar de aquella verdad que hemos descubierto.
Si muchas veces nuestra vida se vuelve d¡difícil, es porque sencillamente no le hemos encontrado un sentido, todo lo que nos sucede carece de valor.
Es esta nuestra vida, toda una escuela de preparación, de la cual debemos aprender a vivir y asumir no con resignación, sino más bien con ilusión cada hecho u acontecimiento que el día a día nos vaya presentando.
Las cosas y los acontecimientos ocurren por algo, lo que debemos hacer es aprender a sacar de ellos aquel aspecto positivo que nos ayude a crecer y a ser mejores de lo que somos.
Carlota Ruiz de Dulanto, es un ejemplo de amor a la vida, de madurez , de lucha y afán de superación frente a los mil acontecimientos que suelen presentarse en nuestro diario vivir, pero sobretodo es un ejemplo de fe, confianza y abandono total a la voluntad de Dios.
Les dejo el video:
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Un triunfo más…
Escrito en Abril 22, 2009
Categoria: Aborto, Amor, Bioética, Educación, Familia, Moral, Religión, Santidad, Valores, Vida, Ética | 2 Comentarios
Que alegría saber, que si se pueden hacer las cosas bien, cuando existe la voluntad y la libertad de hacerlas bien.
La alegría del pueblo dominicano es la alegría compartida de todos aquellos que consideramos el derecho a la vida como un valor inviolable que merece ser atendido, entendido y respetado.
Les dejo la noticia:
Una aplastante mayoría de los legisladores dominicanos decidió blindar la defensa de la vida contra el aborto, al aprobar la modificación constitucional que garantiza este inalienable derecho humano desde la concepción hasta la muerte. La moción fue aprobada por 167 votos a favor y solo 32 en contra.
A esta decisión llegaron los legisladores ayer martes, quienes a pedido del Presidente Leonel Fernández sometieron a debate este tema.
"El derecho a la vida es inviolable desde la concepción hasta la muerte. No podrá establecerse, pronunciarse ni aplicarse, en ningún caso, la pena de muerte", indica la propuesta aprobada que de esta manera penaliza el aborto en República Dominicana.
"Los cristianos celebramos esta decisión de trascendencia para el valor de la vida porque el aborto es una pena de muerte", manifestó a AP el P. Milton Ruiz, coordinador de la Pastoral de la Familia.
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